Mises y mi abuela

 

El primer choque que recuerdo con el problema del cálculo económico en el socialismo ocurrió mientras rallaba pan viejo para que mi abuela pudiera hacer sus famosos bizcochos.

-¿Por qué con pan rallado y no con harina?- le pregunté a mi abuela. No era la primera vez que la “ayudaba” a batir ingredientes con la vieja mezcladora Sunbeam, y recordaba que era harina de trigo el ingrediente de rigor.

-Porque hace dos meses que no hay harina en el mercado.

-El pan se hace con harina -le expliqué a mi abuela desde la sabiduría de mis siete años. -¿Cómo puede haber pan si no hay harina?

-Pregúntale a Fidel…

Mi abuela no necesitaba que se le diera mucha cuerda para arremeter contra el Gobierno Revolucionario, incluyendo a todos sus líderes y teóricos, desde Marx hasta el Comandante en Jefe. Pero sus argumentos en contra del comunismo se limitaban al simple sentido común, del tipo de “lo mío es mío y lo tuyo es tuyo”, y la retórica oficial no tenía mucho problema en descalificarlos tratándolos como uno más de los muchos “rezagos del pasado burgués” que los cubanos, a través de la maquinaria propagandística del Estado, éramos constantemente exhortados a combatir. La versión oficial achacaba las carencias a los “antisociales” que acaparaban mercancías para luego revenderlas en el mercado negro; y, por supuesto, al chivo expiatorio por excelencia: el “criminal bloqueo” de los Estados Unidos. Los escépticos, como mi abuela, culpaban a los funcionarios del régimen, atajo de ignorantes incapaces, que no sabían cómo producir y distribuir eficazmente la infinidad de productos que la población requería para su subsistencia. Incluso los partidarios del sistema, que también sufrían las consecuencias del desabastecimiento, culpaban a la natural tendencia de los nativos del trópico al desorden y la indolencia; sin preguntarse cómo los mismos problemas se repetían en cada uno de los países devastados por el desastre del socialismo, desde China hasta Alemania, sin importar las culturas, idiosincracias y tradiciones.

De haber leído a Mises, habríamos sabido que en una economía libre, el mercado asigna automáticamente un precio a cada producto de acuerdo a las fluctuaciones en la oferta y la demanda, y el sistema de precios resultante le permite a cada actor tomar decisiones racionales para optimizar el uso de los recursos de que dispone. El comunismo carece de un sistema que le permita distribuir eficientemente los recursos, porque los precios son establecidos arbitrariamente por un burócrata, y no conllevan ninguna información significativa de su importancia relativa en el mercado. Por eso la gente se ve obligada a rallar pan para producir harina; derretir helado para usarlo como leche; y destruir un par de zapatos para usar la piel en la fabricación de un bolso.

Después de este primer tropiezo con el problema del cálculo económico, tuvieron que transcurrir varias décadas para que, gracias a una nueva tecnología conocida como “Internet”, cayera en mis manos un libro de Ludwig von Mises. Y se hizo la luz…

 

Fake news is nothing new

In the USSR, regular people looked out to Western Europe in search for news, because they knew the Soviet press was not reliable. In Cuba, people systematically guess what’s happening by reading between lines from the official stories, and filling the blanks with word-of-mouth, Internet news distributed in USB sticks and U.S. radio received in old Soviet transistors. In Mexico, people play with the names of the major newspapers, so “La Jornada” (“The Working Day”) becomes “Mejor Nada” (“Better Nothing”) and “Reforma” (“The Reform”) becomes “Deforma” (“Deforms”)…
Now, in the US, people are learning fast how to deal with a media controlled by the power elites: the number of people that look for alternative news sources in the Internet is growing exponentially… That’s why these elites want to “regulate” the Internet, using all kind of excuses, from child pornography to intellectual property. In the next few years, expect not only a relentless attack on the Second Amendment, but also on the First.

“The whole modern world has divided itself into Conservatives and Progressives. The business of Progressives is to go on making mistakes. The business of Conservatives is to prevent mistakes from being corrected. Even when the revolutionist might himself repent of his revolution, the traditionalist is already defending it as part of his tradition. Thus we have two great types — the advanced person who rushes us into ruin, and the retrospective person who admires the ruins. He admires them especially by moonlight, not to say moonshine. Each new blunder of the progressive or prig becomes instantly a legend of immemorial antiquity for the snob. This is called the balance, or mutual check, in our Constitution.”

G.K.Chesterton

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